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viernes, septiembre 02, 2011
Cosas que no deberían pasar (pero que pasan)
sábado, agosto 13, 2011
La felicidad, un bien algo molesto de poseer
La suprema búsqueda de la felicidad, es la quimera de los libros de autoayuda. Se presupone, yo así lo creo, que el objeto de esta vida es tener la mayor cantidad de momentos felices posibles. Sin embargo ser feliz a veces es incómodo, molesto y si somos los suficientemente humanos, doloroso.
Ojo, no se trata de que seamos emos, depresivos, autodestructivos, masoquistas o cualquiera de estos respetados especímenes, se trata de que la felicidad está peor repartida que las riquezas, y a diferencia del dinero, a veces da pena ser feliz delante del desdichado.
¿A que viene esta reflexión?; soy padre de un niño gran prematuro, mi esposa, mi hijo mayor y yo hemos vivido momentos realmente duros, aun así, mi pequeño príncipe ha salido adelante y cada vez está mejor y más cercano a la normalidad. No obstante, durante el proceso hemos conocido a otros padres con casos parecidos al nuestro, bebes prematuros, con enfermedades poco comunes, y en situaciones cuando menos terribles.
En momentos como esos, sientes culpa de ser feliz. Sientes que no es justo que a ti algo te salga bien, cuando para los demás no es así. En cristiano, es como cuando estas comiendo en algún saludable sitio callejero y un niño en situación de calle se te acerca y te pide “pa’ un jugo”. Si los criaron bajo el mismo concepto judeo cristiano de culpa que a mí, le aseguro que la empanada de carne sabrá un poquito a mierda.
Lo dijo Silvio Rodríguez infinitamente mejor que yo; la felicidad comporta muertos ajenos. Sin querer ahondar en política, el concepto capitalista de la mercancía limitada que hace parte del mercado precisamente por lo diferenciadamente repartida.
Hablando de Silvio, mejor dejarles la canción que habla un poquito sobre el ser feliz aún a pesar del dolor de los otros, no doy para más:
domingo, agosto 01, 2010
Para seguir los cuentos de Diego. La retinopatía de la prematuridad
viernes, julio 16, 2010
Un nuevo tema, realmente nuevo.
Este blog nunca ha tenido pretensiones autobiográficas, sobre todo porque pienso que escribir sobre si mismo puede tornarse insoportable. Sin embargo, actualmente me encuentro viviendo una experiencia totalmente nueva para mi la cual ha implicado un redescubrimiento y reordenamiento de mi universo entero, soy padre de un bebe prematuro, o adelantado, como prefiero yo llamarle.
Cuando el 24 de febrero de
El nacimiento, el FO2, la infección
Diego Alejandro nació en el Centro Médico Paraíso en Maracaibo, el 22 de marzo de
El alta médica, las primeras noches en casa
domingo, julio 04, 2010
Retomando el blog
domingo, enero 11, 2009
Videos grotescos
El círculo de la intolerancia es un hecho social de muy amplio radio de acción que de manera imperceptible nos rodea a todos, condenándonos a asumir posiciones extremas frente a asuntos que cada día más forman parte de la cotidianidad. La homosexualidad, un tema que va de lo bufonesco a lo criminal, es la última frontera de los derechos civiles. En Latinoamérica el homosexual ha sido visto siempre como una persona extravagante, incluso medio divertida. Basta recordar los personajes clichés de las novelas latinoamericanas donde un homosexual era la nota cómica en medio de un drama de proporciones casi épicas.
Ya en otras ocasiones he hablado sobre el círculo de la intolerancia, ese del que todos formamos parte. Somos parte del problema porque nos hacemos los ciegos ante una realidad incuestionable y es que muchos funcionarios militares y policiales abusan a diario de los travestis que se prostituyen en las calles, cual si les correspondiera un derecho a vasallaje. Pregúntele a cualquier prostituta y le dirá que esta obligada a pagar con favores sexuales gratuitos en la parte de atrás de una patrulla de esas que compran con nuestros impuestos.
Ahora con la tecnología se vuelve todo peor, porque quedan testimonios de nuestra brutalidad e ignorancia. Ningún grupo es más víctima del maltrato policial que los travestís que venden favores sexuales en las calles de Venezuela, los agravios incluyen violaciones y palizas, además de la cotidiana ración de insultos.
Pero estos videos tienen un doble efecto, gracias a ellos lo que antes era un secreto a voces ahora es una realidad que nos golpea de frente. De un tiempo para acá diversos grupos de presión homosexuales hacen fuerza en Venezuela, pero siento que sus acciones son estériles y hasta vacías. Como sector organizado se encuentran en la obligación de empujar a las autoridades a encarar estos problemas como lo que son, crímenes de odio.
En nuestro país hay odio solapado, odio hacia los diferentes, un odio que muchos llevamos dentro de forma inconsciente, sino lo asumimos no lo podremos combatir y hacer la revolución real, esa que no sólo modifica las formas sociales, sino también los fondos. Una revolución educativa.
Educar para la tolerancia es la única salida que queda para cortar este círculo. No existe un mayor problema que los conceptos de normalidad y anormalidad. Dichos conceptos han creado una sociedad que cataloga a las personas en los correctos y los incorrectos. Siendo los correctos seres etéreos y desconocidos es preferible vivir la vida según lo dictaminan los incorrectos, al fin y al cabo éstos se parecen más a todos nosotros, seres humanos falibles que sólo estamos seguros de no estar seguros de lo que somos.
lunes, octubre 06, 2008
La pertinencia de escribir
Sin embargo, como quien ve venir un choque entre dos autos, es necesario escribir a ver si somos muchas las plumas y alguien nos hace caso. Es que viene un desastre, largamente avisado, largamente previsto y sin embargo no estamos listos aun para encararlo. Se están cayendo las bolsas del mundo, se están cerrando los bancos y parece ser un movimiento sin vuelta atrás.
Es cierto, al menos eso creen los analistas económicos, que el hecho de que nuestra mayor fuente de ingresos como país sea el petróleo nos hace menos vulnerables a los embates de la crisis. También parece ser, que la estrategia estadal económica nos provee de un salvavidas a este asunto. Pero yo no estoy tranquilo.
Es que en el mundo de la globalización y la teoría del caos (el aletear de una mariposa en Brasil puede originar un ciclón Texas), no hay manera de que un desastre económico mundial a nosotros no nos golpee salvajemente, no es justo que estemos viendo las barbas del vecino arder y nosotros tan campantes, ni las mojamos, ni las cortamos, sino que seguimos con ellas metidas en la candela.
En Venezuela estamos gastando millones de millones en una campaña electoral para gobernaciones y alcaldías, ajenos a un mundo que se está yendo al demonio. Es hora de tomarse las cosas en serio, pero eso a ningún candidato parece importarle. No nos puede alegrar la caída del capitalismo moderno, no por alguna siniestra simpatía hacia el clan Bush o al sistema neoliberal, sino porque lamentablemente y aunque las políticas estadales intenten lo contrario, Venezuela sigue siendo un país eminentemente capitalista, cosumista y dependiente del mercado internacional.
Leyendo nuestros medios asombra la ingenuidad con que afirmamos que ahora hacemos negocios con China y otros mercados, y que el derrumbe del capitalismo no nos afectará. El problema es que China es capitalista, al igual que Malasia y los demás tigres asiáticos. El problema es que el mundo ya es muy pequeño. Somos muchos codos en la mesa, y la sopa que se le derrama al vecino inevitablemente nos caerá encima, al menos claro que nos apresuremos a ponernos la sevilleta.
Claro, a esto hay un pero, la campaña electoral es el negocio más redondo que existe en Venezuela. Las gigantografías que inundan las autopistas, los miles de anuncio de radio, todo está negociado. Las encuestas con doble resultado, el conveniencial que se muestra en los diarios y el real que sólo se le da al angustiado equipo del candidato. Dinero, futuros favores, contrataciones, todo ya está vendido.
Una danza de millones, en la que todos bailamos sin percatarnos de que ya se están acabando los discos, que la luz se le fue al vecino y que nosotros estamos haciendo la fiesta con una planta de gasoil, sería prudente bajar el volumen y guardar electricidad para mantener la nevera encendida, que se me antoja mas prioritario que este ridículo pianito electoral.
